Ya estamos en el quinto día del campamento, cuyo hilo conductor sería el respeto a la diversidad, en todos los sentidos: físico, mental, emocional, familiar, social o cultural.

AEPAE - Campamento "Generando confianza"
AEPAE - Campamento "Generando confianza"

En la sesión de Cross Fit, ya consiguieron realizar un burpee, ese famoso ejercicio que mezcla el salto, con la flexión de piernas y la flexión de brazos. El esfuerzo físico estaba dando resultados.

La sesión de teatro corporal trabajó en reforzar la actitud corporal, la confianza y la voz, dándole dirección, volumen y entonación. Pasamos a la sesión de autodefensa, en la que ampliamos las herramientas, adaptándolas a la edad y necesidades de un grupo heterogéneo, aplicándolas ya en ejercicios de role playing.

El último taller de la mañana, fue el senderismo: un paseo por el campo en el que conocerían el entorno y se orientarían para volver al campamento. Hubo que parar alguna vez para descansar y refrigerarse, ya que el calor era intenso.

Llegó la hora de la comida y del descanso y la piscina, para llegar al taller de arteterapia sobre la creación de nuestra galaxia y de un planeta imaginario para cada grupo de participantes. Sobre un mural colectivo, cada alumno iba pintando trazos con ritmos y emociones, realizando posteriormente con plastilina una figura que explicase cómo sería cada planeta imaginario, compartiéndolo con el resto del grupo. Fue revelador en muchos casos escuchar cómo debería ser su planeta imaginario. Entre todos hicieron una galaxia en la que se sentían cómodos: «Sentilaxia».

Finalizado el taller de arteterapia, se realizó la asamblea diaria para valorar lo acontecido e irnos a cenar.

Después de la cena se realizaría una velada muy especial: el cluedo. Los monitores se disfrazaron de distintos personajes: amor, tristeza, alegría, enfado, luz y oscuridad. Los detectives tenían que seguir las pistas e instrucciones para llegar al final del trayecto, reconociendo a esos personajes y escuchando sus interesantes mensajes. Hubo abrazos, miedo, tensión, pero también valentía; se pintaron corazones y la luz venció a la oscuridad. Con un final apoteósico que no olvidarán en mucho tiempo. Alberto, uno de los más pequeños que traía muchos monstruos y pesadillas en su cabeza, se enfrentó a la oscuridad y le dijo con voz potente y actitud asertiva: “¡déjame en paz!”. Y así, con las emociones a flor de piel, nos fuimos a dormir.

Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva
Presidente de AEPAE

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