Si bien no hace falta presentar la pirámide de Maslow porque todo el mundo la conoce y hace alusión a ella, lo cierto es que a menudo nos quedamos, y nunca mejor dicho, en la base para explicar diferentes situaciones de vulnerabilidad social. Es habitual que en mi vida tanto profesional como personal alguien apele a la teoría de Maslow para hablar de la falta de agua, alimentos o una cama donde dormir en un determinado colectivo con extrema necesidad. Sin embargo, muchas veces se olvida que inmediatamente después de estas necesidades básicas, está la de seguridad.

AEPAE - Psicología - Seguridad y acoso escolar

Todos necesitamos no sólo estar sino sentirnos seguros, y cuando se dan determinados fenómenos de violencia en ámbitos donde uno a priori debería sentir tranquilidad, serenidad o sosiego, comprobamos el terrible impacto que esto tiene tanto en la salud física como especialmente en la salud mental de aquellos y aquellas que lo sufren.

Nos estamos refiriendo a fenómenos como la violencia de género, la violencia en el ámbito doméstico, el acoso laboral o el acoso escolar. Siguiendo con lo anteriormente dicho, tanto el hogar, el trabajo, como el centro educativo deben ser lugares donde uno se sienta seguro. Pero no siempre es así.

Y el problema no sólo estriba en el miedo, y es terrible decir esto, sino en el papel anticipador que tiene dicha emoción, y cómo ésta condiciona la manera de pensar, la manera de actuar y la manera de sentir de las víctimas.

Los niños y niñas que sufren acoso escolar anticipan lo que con gran probabilidad les va a ocurrir cuando vayan al centro educativo. Sí, digámoslo con todas sus letras, una agresión sea del tipo que sea, ya que eso no es lo importante. Lo importante es que la vida de ese niño o niña va a comenzar a girar en torno a cómo hacer para evitar que se vuelva a repetir la agresión, lo que sumado a la propia conducta violenta hace que el niño acabe manifestando lo que conocemos como indefensión aprendida, es decir la sensación de que y permítanme que utilice el refrán popular “haga lo que haga me va a pillar el toro”.

Hablar de indefensión aprendida sería extender este texto a varias páginas, por lo que lo dejaré para un artículo posterior, porque quiero volver a retomar el concepto de seguridad. Si un niño o niña está en una situación de indefensión aprendida es porque entiende que esa seguridad que debe sentir en el centro educativo, y que éste debe garantizar, no existe; con lo que encara la asistencia al centro educativo cuanto menos sin ganas, no sólo por acudir, sino también sin ganas para aprender, además de hacerlo manifestando un extenso listado de signos y síntomas propios del espectro de la ansiedad y la depresión.

Por ello, desde aquí apelamos a la importancia de que todos los agentes que conforman el centro educativo, así como todas las instituciones bajo las que el centro educativo se inscribe o con aquellas con las que se relaciona, posibiliten que esta seguridad no sea solo una palabra, sino una realidad.

Miguel del Nogal (Psicólogo)
Coordinador del área de psicoasertividad de AEPAE

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