El acoso escolar y el dolor del mundo

Parte II – Los observadores y compañeros

Este artículo forma parte de la experiencia ficticia de Martín, que reúne experiencias reales con las que AEPAE se ha enfrentado durante su larga trayectoria dedicada a la prevención y la erradicación del acoso escolar.

Pobre Martín, no paran de machacarle. Son igual que una mafia. La ley del silencio. Como la camorra italiana. Le pegan, la amenazan y le humillan constantemente. Solo ese grupo tiene patente de corso para hacerlo.

AEPAE

No me gustaría estar en el pellejo de Martín. El otro día le vi llorar en el baño. Cuando entré a hacer pis estaba inclinado frente el espejo limpiándose las lágrimas: una mano apoyada en el lavabo y la otra en su mejilla. Yo hice como que no me di cuenta.

Ese Jaime es un cabrón. Se cree el más chulo del colegio y los que le siguen el rollo y siempre le acompañan, son unos cobardes. Nadie ha tenido la valentía de pararles aún. Ni siquiera el profesor. No lo entiendo. Me da mucha pena, pero eso no va conmigo. También me da miedo, no vayan a hacerme lo mismo a mí.

Ahora entiendo por qué Martín se sienta en la última fila y está como ausente. Antes era un alumno brillante y ahora es la sombra de sí mismo. Está como nervioso e irascible. En cuanto suena la sirena del final de las clases, sale el primero, como alma que lleva el diablo.

Ayer le volvieron a pegar collejas en el gimnasio. Le bajaron el pantalón del chándal y le empujaron contra la taquilla. Estuve a punto de decir algo, pero no me atreví y me sentí mal por ello. Nadie hace ni dice nada. Si yo sufro de verlo, ¿cuánto tiene que sufrir Martín?

Hay poca gente valiente. Yo creo que todas las personas podemos serlo. A veces es más cómodo taparnos los ojos y seguir viviendo en nuestro pequeño universo. Una burbuja perfecta en la que nada nos afecta. Se lo podría decir al profesor, pero igual dicen que soy un chivato y eso no mola mucho. Ya no puedo ver a Martín sufrir así y no hacer nada. Hoy he dado el primer paso. Le he dicho que puede contar conmigo. Me ha mirado entre sorprendido e incrédulo. Creo que eso no es suficiente.

He leído en un libro que lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo y yo no quiero tener miedo. Le he parado los pies a Jaime. Estaba como siempre, riéndose de Martín, diciendo delante de toda la clase, que era un pringao y un mierda, y algunos le reían la gracia. Menuda crueldad. Me he puesto de pie y le he dicho en voz alta que qué le pasa, que deje ya de una vez de meterse con Martín. He conseguido la atención de toda la clase. Han dejado de reírse y Jaime se ha quedado sin palabras. Enseguida ha entrado el profesor en la clase. Martín me ha mirado y ha sonreído. Una sonrisa triste pero con un brillo de esperanza. Mi madre me decía de pequeño que para ser una gran persona hay que tener tres cosas: inteligencia, corazón y valentía. Gracias mamá.

El acoso escolar y el dolor del mundo

Parte I
La víctima

Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva
Presidente de AEPAE

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