El acoso escolar y el dolor del mundo

Parte III – El colegio y los profesores

Este artículo forma parte de la experiencia ficticia de Martín, que reúne experiencias reales con las que AEPAE se ha enfrentado durante su larga trayectoria dedicada a la prevención y la erradicación del acoso escolar.

Me llamo Ana y soy profesora de un colegio concertado.  Elegí este trabajo por vocación. Trabajar con la infancia es maravilloso.  Contribuir a formar personas es un privilegio, pero también una gran responsabilidad.

AEPAE

En estos tiempos se habla mucho del acoso escolar, pero en mi colegio no existe, o al menos eso dice nuestro director. En el último año se ha abierto un solo protocolo, y ha sido en mi clase. Yo creo que se ocultan y se minimizan los casos. No todos los profesores y profesoras nos lo tomamos con el mismo celo. Dicen que son cosas de niños, pero el maltrato puede hacer mucho daño a las personas, sean estas grandes o pequeñas.

La primera semana fui ya consciente de que algo ocurría. Hice una dinámica para que se presentasen al resto de la clase, ya que comenzaban con el ciclo de secundaria. Cuando le tocó el turno a Masako, percibí cierta expectativa. Masako es una adolescente menuda, con el pelo negro azabache y los ojos almendrados. Le explicó a la clase que llegó de Japón cuando tenía dos años y que tenía un hermano tres años menor que ella. Un alumno llamado Jaime le preguntó que qué significaba su nombre y Masako con cierta timidez y dulzura le contesto que significaba “hija verdadera”, y que es un nombre que suele ponerse a las hermanas mayores por ser muy responsables y tener una gran bondad. O sea ¿que eres una buena chica no? preguntó Jaime con cierta sorna.

Pasaron los días y Masako estaba siempre sola, excluida del grupo. Incluso en el recreo, donde deambulaba de un lado para otro, con el único quehacer que beberse un zumo y comerse un dorayaki. Lo que más me llamó la atención fue verla leer un libro sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, en la zona menos transitada del patio. Me acerqué y le dije: Hola Masako ¿cómo estás? Bien me dijo ella con timidez. Le pregunté que qué libro estaba leyendo y me contestó con entusiasmo: Koizora, un drama lleno de amor. ¿Y es interesante?, pregunté intrigada. Es el único lugar en el que estoy a salvo, contestó ella. ¿Qué te ocurre cariño? le pregunté.

Masako me contó que la maltrataban desde hacía tres años. Qué tenía miedo de acercarse a cualquier grupo porque pasaría lo de siempre, burlas y humillaciones. Lo último que le decían era que no se acercase demasiado porque les podía contagiar del coronavirus.

Llamé por teléfono a la madre de Masako para reunirme con ella.  Me confirmó la lastimosa situación de su hija. Que ya había hablado con el colegio varias veces y que siempre le decían lo mismo, que eran cosas sin importancia y que Masako tenía que hacer un esfuerzo por integrarse. Que ella trabajaba todo el día y que la intentaba ayudar, pero que Masako estaba siempre triste. Que prefería la ficción de sus novelas, a la realidad de la vida.

Fui a hablar con el director y este se mostró molesto. Me dijo que era mi primer año en el colegio y que tenía que aprender a relativizar las cosas. Que allí no había acoso escolar, y que Masako era una niña problemática. Me marché de la reunión enojada. Con una sensación de impotencia y rabia muy grandes y con el firme propósito de que eso no se iba a quedar así.

Hablé con Cristina, profesora con la que tenía más confianza y amistad y le conté lo ocurrido. Me dijo que el año anterior había habido un caso de acoso grave a un alumno llamado Martín, que se había tenido que marchar del colegio, y que el director ni siquiera había abierto el protocolo. Le pregunté que quienes eran los que acosaban a Martín y me dijo para mi sorpresa que un tal Jaime Romero y otros de su grupo, ahora alumnos de mi clase.

Al día siguiente hablé con cada alumno y cada alumna de mi clase sobre Masako y sobre Jaime y me confirmaron todo lo que estaba ocurriendo. Que Jaime y su cuadrilla humillaban e insultaban a Masako continuamente y desde hacía mucho tiempo. ¿Cómo es que nade había hecho nada aun? Me pregunté indignada.

He discutido con el director. Es posible que no me renueven el contrato. Le he dicho que o abre el protocolo de actuación o no tendré más remedio que ponerlo en conocimiento de inspección educativa. Que ante el acoso escolar hay que ser firme y contundente. Y que yo no voy a permitirlo.

El acoso escolar y el dolor del mundo

Parte I
La víctima

El acoso escolar y el dolor del mundo

Parte II
Los observadores

Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva
Presidente de AEPAE

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