Llegó el último día. El cansancio ya se notaba en el ánimo. Seis días intensos de trabajo físico y emocional, llevándoles a enfrentarse con sus miedos e inseguridades y dándoles herramientas de empoderamiento.

Campamento 2021 – Día 7: «El corazón encendido»

La levantada comenzó un poco antes de lo habitual, con la música motivadora “Eye of the tiger” de la película «Rocky». Quedaba trabajo por hacer antes de enfrentarse al examen en role-playing, en el que tendrían que aplicar todo lo aprendido. El equipo docente estaba preocupado por la dificultad que encontramos en sacarles de su indefensión aprendida. Ha sido el campamento más difícil en este sentido. Las víctimas venían destruidas en su gran mayoría. Con una actitud inhibida y con poca esperanza de poder salir de su infierno particular.

Pasado el desayuno, nos centramos toda la mañana en unificar las enseñanzas de los días anteriores en torno al protocolo de defensa de la integridad física y emocional que tendrían que aplicar en el examen.

Comencé con una introducción motivadora sobre el funcionamiento del cerebro en situaciones de indefensión, miedo y ansiedad provocada por el maltrato escolar. Que entendiesen que lo emocional, lo psicológico y lo físico tienen que funcionar de forma unificada, aplicando las herramientas para cada una de las cuatro etapas del maltrato, para las que ya habían aprendido a mostrarse asertivos. Ya sabían aplicar de manera proporcional la defensa ante una agresión verbal, una amenaza, una intromisión en el espacio personal o una agresión física. Ahora faltaba prepararse para la prueba con la que fijarían en su memoria emocional, su afrontamiento y la sensación de ser capaces de superarlo. Siempre reflejamos que en nuestra metodología no basta con saber que se puede, sino con sentir que se puede. Es el camino de superar la indefensión aprendida.

Realizamos por fin el examen en role-playing, que grabaríamos para mostrarlo después a sus familias. Fue emocionante verles con una actitud valiente y asertiva, con el corazón encendido y con una determinación que no tenían ni por asomo el primer día. Fue bonito como se animaban y se abrazaban después de cada prueba, como si fuese el punto de partida de una nueva etapa en sus vidas.

Una vez finalizado el examen, pasaron a comer y a preparar sus maletas, a la espera de la llegada de las familias. Estaban deseando el reencuentro, pero también con la pena de despedirse del equipo docente y de sus compañeros y compañeras. Eran ya conscientes de que la experiencia de este campamento había sido transformadora, un punto de inflexión, una ventana a la esperanza.

Fueron llegando las familias y nos dividimos en tres grupos. Antonio, Ana, Alba y Pacheco, estarían en la zona de la piscina con los menores. Verónica y Jorge con las familias y Goyo y yo en la planta de arriba para recibir de manera individual a cada familia, mostrarles el video de su examen y trasladarles las impresiones del equipo docente.

Se hizo larga la tarde, ya que cada familia requería de su espacio y de su tiempo. Se emocionaron al ver a sus hijos e hijas con otra actitud, con mayor seguridad, con mayor firmeza en el vídeo del examen, para posteriormente subir y reencontrarse, después de toda la semana. Abrazos y algunos lloros, pero sobre todo caras de alegría y satisfacción.

La mayor satisfacción: la de todo el equipo de AEPAE, al ver que habíamos contribuido a mejorar sus vidas y darles esperanza y confianza para enfrentar los conflictos con valentía.

Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva
Presidente de AEPAE

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