Llegó por fin el primer día del campamento. Meses de preparación se iban a cristalizar en una semana intensa, emotiva y terapéutica. Trece niños, niñas y adolescentes, víctimas de acoso escolar, llegaban de diversos lugares de la geografía española. Cada uno con su mochila de sufrimiento. Cada una con su dolor encerrado en el pecho. Personas maltratadas de manera reiterada por un sistema educativo que considera el acoso escolar como “cosas de niños”. Llegaron con sus familias, con cara tímida y actitud inhibida, síntomas de la indefensión aprendida que provoca el acoso escolar.

AEPAE - Campamento "Generando confianza" - Valentía para defenderme
AEPAE - Campamento "Generando confianza" - Valentía para defenderme
AEPAE - Campamento "Generando confianza" - Valentía para defenderme

Comenzamos las presentaciones en el porche de la casa rural, y fuimos entregando las camisetas personalizadas de la asociación y alojándoles en sus habitaciones. Mientras tanto Verónica, nuestra psicóloga iba informando a las familias de la logística del campamento y de las dudas que las familias iban planteando.

Una vez se marcharon las familias, y para romper el hielo, Jorge, Pacheco y Antonio iniciaron la actividad grupal con juegos de presentaciones, para que fuesen conociéndose de manera divertida y perdiendo la timidez. Como todos los años, enseguida fueron relajándose y conformando un grupo en un espacio seguro, en el que poder sanar sus heridas emocionales y recuperar su confianza y autoestima.

Llegó la hora de la comida y las primeras luchas con la lechuga y los menús. Lo normal en estos casos. Pero poco a poco se fueron habituando a una comida sana y variada, en la que los postres eran el plato estrella.

Tras la comida, una hora de descanso libre para disfrutar del entorno y hacer amistades. Columpios, futbolín y relax. Algunas siestas y las primeras confidencias y complicidades.

Y llegó el taller vespertino. Julián, impartió un taller de expresión corporal. Una buena manera de desinhibirse y movilizar las emociones, que en estos casos suelen estar concentradas y bloqueadas. Un primer paso a la apertura y al compartir.

Después del taller tomaron una merienda antes de la asamblea. La primera de la semana y la más reveladora, ya que expondrían qué necesitaban y qué querían aprender en el campamento. En definitiva, cual era su propósito personal.

Me emociona recordar los propósitos que fueron relatando y nos hubiese gustado a todo el equipo docente, que hubiesen estado presentes esas personas adultas que minimizan, esconden o banalizan el acoso escolar, desde la dirección de los centros escolares o el servicio de inspección educativa. O los responsables políticos que consideran el acoso escolar como un problema menor que se circunscribe al entorno educativo, cuando es realmente un problema mayor: un problema de derechos humanos.

De los propósitos que relataron, los más reveladores fueron: “valentía para defenderme”, “saber donde poner el dolor”, “regular la rabia y el odio”, o “apropiarme de la calma”. Teníamos mucho trabajo por delante para devolverles las ganas de vivir. Después de una asamblea muy emotiva en la que también establecimos de manera consensuada las normas y reglas de convivencia, llegó la hora de la cena.

Pasada la cena, ya solo faltaba la primera velada que sería un escape room. Un juego en dos equipos en el que tendrían que encontrar un tesoro, resolviendo diversas pruebas. Lo resolvieron no sin cierta dificultad. Había sido un día emotivo y cansado y se fueron a la cama para recuperar sus energías, que el día siguiente sería intenso y había que madrugar.​

Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva
Presidente de AEPAE

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