Muchas niñas, niños y adolescentes que sufren acoso escolar, son condenados al infierno por el sistema educativo. Son sentenciados por la incompetencia y la desidia profesional. Son vituperados por la cobardía.

Ya son decenas de madres y padres los que nos relatan situaciones que definen la deformidad de la condición humana, como si ésta se viese reflejada en los espejos cóncavos del callejón del gato: un auténtico esperpento. Una realidad en la que lo grotesco da paso a la degradación y al sufrimiento de los más pequeños. De aquellos que dependen de nosotros, de los adultos, para sentirse protegidos y salvaguardados. En definitiva, para confiar en un mundo que les debe esperar con los brazos abiertos y no con las garras extendidas para arrastrarles al negro abismo del averno.

Les voy a contar uno de los muchos casos que nos llegan y que resumen esta situación tan lamentable. Unos padres desesperados que acuden reiteradamente al centro escolar para pedir que protejan a su hijo, que llega a su hogar todos los días, con el corazón encogido y las lágrimas en los ojos. Ya no son sólo las vejaciones, burlas e insultos que recibe a diario, sino la sensación de que a nadie le importa. Nervios contenidos, dolores de tripa, explosiones de ira, insomnio y depresión: un paseo cotidiano por el infierno. La normalización del sufrimiento.

El colegio dice que no pasa nada, que son hechos puntuales. Que su hijo es muy raro y que tampoco ayuda y que a veces provoca la situación. Y pasan los días y las semanas y las cosas empeoran. Llega –y siempre llega-, la invasión de su espacio personal. Y con ésta el miedo a sufrir daño físico: empujones, zancadillas, collejas, agarres intimidatorios de la chaqueta… cosas de niños para este director de colegio, cobarde e incompetente.

Y los padres, los únicos que le tienden la mano, terminan desesperados y agotados. Acuden al centro escolar para que se abra el protocolo de acoso escolar, que debería haberse abierto hace meses. Y se organiza una reunión con los padres, la orientadora, el jefe de estudios, el director y el inspector de educación. Y todos a una como Fuenteovejuna, niegan la mayor: que eso no es acoso. El inspector dice que no es acoso, pásmense queridos lectores, porque no le pegan más de tres veces a la semana. Y la orientadora les dice a los padres que confíen en ellos. Y el director que cuidado con decir que un compañero acosa a su hijo porque los padres del acosador les pueden denunciar. El jefe de estudios les comunica que pueden estar tranquilos que el mismo lleva el plan de convivencia del colegio. No, no es una ficción, es la vida real.

Condenados al infierno | AEPAE (Prevención del Acoso Escolar)

Qué hacen los padres en este momento? Explotan y le dicen al grupo de profesionales de la educación allí reunidos, que mientras no protejan a su hijo, no le van a volver a llevar al colegio. Los padres cumplen su promesa y el colegio lo pone en conocimiento de inspección educativa. A los padres les acusan de absentismo escolar y les amenazan con perder la escolaridad y que su hijo tenga que repetir curso. O eso, o volver al infierno.

El absentismo escolar es denunciable cuando los progenitores les niegan a sus hijos el derecho a la educación obligatoria. Pero no en este caso!!! Los padres tienen que velar por la integridad física y psicológica de sus hijos. Menudo disparate y menuda cobardía. En vez de hacer lo correcto y llamar a las cosas por su nombre, les resulta más fácil no abrir el protocolo y revictimizar a quien sufre el maltrato. Habría que sancionar a los adultos que permiten el maltrato por acción o por omisión, de forma contundente, por vía civil y por vía penal, que hay herramientas para ello. Y a ese inspector de educación que condena de forma tácita a ese niño al maltrato, habría que mandarlo al purgatorio, como paso previo para bajar al infierno al que condenó a esa víctima, porque como el mismo dice, si le pegan todas las semanas solo tres veces, no es acoso escolar. Esto ha pasado en Valladolid.

Pero esto no es un caso aislado. En Madrid, ha ocurrido otro caso similar pero con tintes inquisitoriales. Igual proceso previo: negación institucional y revictimización del maltratado. Pero esto ha sido más grave. Resulta que la familia, además de no llevar a su hijo al colegio porque no le protegen del maltrato reiterado, acude a una psicóloga para que ayude al menor. La situación anímica y emocional del niño es muy preocupante. La psicóloga apoya la decisión de los padres de que su paciente no asista al colegio mientras no mejore su situación psicológica. Y aquí viene lo más grave. Inspección educativa, sanciona y amenaza a los padres con perder la escolaridad y repetir curso, y el colegio de psicólogos de Madrid, sanciona con un año de inhabilitación a la psicóloga que lo único que ha hecho es ayudar a un niño maltratado. Ante lo inaudito de la situación, e investigando el asunto, resulta que hay presuntos vasos comunicantes entre inspección educativa y el colegio de psicólogos de Madrid, ya que una misma persona tiene cargos de responsabilidad en  ambos estamentos. Así están las cosas. Es un aviso para navegantes. Cuidado con poner en duda las decisiones de inspección educativa aunque éstas sean muchas veces erróneas, incompetentes y para muchos, delictivas, por omisión de ayuda. Y si eres psicóloga o psicólogo, el colegio profesional te dirá lo que tienes que hacer y si no, te inhabilita un año en el purgatorio.

No quiero terminar el artículo sin destacar que sí hay personas que hacen lo correcto y se implican. Después de intervenir con más de 10.000 niños en más de 50 colegios, podemos afirmar que la mayoría de los profesores se lo toman en serio y hacen lo que pueden con la formación y las herramientas que tienen, que muchas veces son escasos. Y a los docentes que se ponen de perfil y no se implican y permiten que se siga maltratando a un alumno porque son cosas de niños, que se dediquen a otra cosa o que asuman las consecuencias legales de sus actos. Y a los directores que niegan, ocultan, esconden y minimizan el acoso, que abandonen el ámbito educativo y se pasen al ámbito empresarial, porque los niños no son cifras ni prestigio institucional.

Las niñas, los niños y los adolescentes son  personas. Personas especiales.

Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva.
Presidente de AEPAE.

Condenados al infierno | AEPAE (Prevención del Acoso Escolar)

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